La vuelta al cole está cada vez más cerca y, para muchas familias, septiembre supone volver a los horarios habituales después de varias semanas de vacaciones. Acostarse más tarde, levantarse sin despertador y tener una mayor libertad durante el día forma parte del verano, pero recuperar de repente las rutinas escolares puede resultar difícil para los niños.
Por eso, los últimos días de las vacaciones pueden ser un buen momento para empezar a introducir pequeños cambios. No se trata de transformar el horario de un día para otro, sino de preparar progresivamente a los niños para el ritmo que tendrán durante el curso.
Recuperar poco a poco los horarios de sueño
El sueño es uno de los aspectos que más puede cambiar durante las vacaciones. Los niños pueden acostarse y levantarse más tarde, especialmente cuando no tienen que ir al colegio al día siguiente.
Con la llegada de septiembre, conviene adelantar progresivamente la hora de acostarse y también la de levantarse. Hacerlo de forma gradual puede facilitar la adaptación y evitar que los primeros días de colegio estén marcados por el cansancio.
También puede ser útil recuperar una rutina tranquila antes de dormir. Una ducha, leer un libro o dedicar unos minutos a conversar pueden ayudar al niño a entender que el día está llegando a su fin.
Volver a establecer horarios para las comidas
Durante las vacaciones, los horarios de las comidas también pueden ser menos regulares. Las excursiones, los viajes y los días de playa hacen que sea habitual comer o cenar a horas diferentes.
Antes de la vuelta al cole, recuperar unos horarios más previsibles puede ayudar a toda la familia. El desayuno adquiere además una importancia especial cuando comienza la jornada escolar, ya que los niños necesitan afrontar varias horas de actividad antes de la siguiente comida.
No es necesario modificar todos los hábitos de alimentación de golpe. Lo importante es recuperar progresivamente una cierta regularidad.
Reducir el tiempo de pantalla antes de volver al colegio
El verano también puede alterar el tiempo que los niños pasan delante de una pantalla. Las vacaciones ofrecen más momentos libres y, en consecuencia, es posible que aumente el uso de teléfonos, tabletas, ordenadores o videojuegos.
Los días previos a la vuelta al cole pueden servir para recuperar las normas habituales de la familia. En lugar de esperar al primer día de clase para reducir las pantallas, puede ser más sencillo hacerlo progresivamente.
Especialmente por la noche, limitar las actividades frente a las pantallas puede ayudar a recuperar una rutina asociada al descanso.
Recuperar la actividad física
Durante el verano, muchos niños tienen más oportunidades para jugar al aire libre, nadar, montar en bicicleta o realizar otras actividades físicas. Sin embargo, los últimos días de vacaciones pueden ser más tranquilos.
Mantener una actividad física regular también durante este periodo puede facilitar la transición hacia la rutina escolar. No hace falta establecer un programa deportivo específico: caminar, jugar en el parque o montar en bicicleta son opciones sencillas para mantenerse activo.
Además, realizar actividad física durante el día puede contribuir a establecer un ritmo más regular entre actividad y descanso.
Preparar juntos la vuelta al cole
La preparación no tiene por qué limitarse a los horarios. Implicar a los niños en los preparativos puede ayudarles a anticipar el cambio.
Preparar la mochila, revisar el material escolar, organizar la ropa o recuperar poco a poco el espacio dedicado a los deberes son pequeñas acciones que permiten volver a introducir la idea de que empieza una nueva etapa.
En el caso de los niños que comienzan en un colegio nuevo o que muestran cierta preocupación ante el regreso a las clases, hablar con ellos puede ser especialmente importante. Preguntarles cómo se sienten y escuchar sus posibles preocupaciones permite detectar aquello que les inquieta antes del primer día.
Evitar una vuelta demasiado brusca
Uno de los objetivos de los días previos a la vuelta al cole debería ser precisamente evitar un cambio demasiado repentino. Pasar de levantarse tarde y acostarse de madrugada a tener que madrugar desde el primer día puede hacer que la adaptación resulte más complicada.
Por eso, introducir pequeños cambios con algunos días de antelación puede ser una estrategia sencilla para que los niños lleguen al inicio del curso con unos horarios más próximos a los que tendrán durante el año escolar.
La vuelta al cole supone inevitablemente un cambio de ritmo, pero no tiene por qué convertirse en una fuente de estrés para toda la familia. Recuperar poco a poco el sueño, las comidas, la actividad física y las rutinas cotidianas puede hacer que el regreso a las aulas resulte mucho más llevadero.
